martes, 12 de diciembre de 2017

POEMAS: BOHEMIAN GROVE, de "VIEJO CAOS UNIVERSAL" (2015)








BOHEMIAN GROVE.

Hay un cierto revuelo expectante de Orfeo en el ojo cansado de Orfeo
que invade al primate vestido si en algún momento olvida cuál es
su misión: la de aullar con agudo dolor como si fuera un perro
o la de deshacer el camino de vuelta al museo
en el que el regidor de levita sacia la
panhambruna infinita del ojo burgués.

Las mañanas traen siempre rumores  de colas enteras,
nunca falta en la misa el momento en que el ángel se alza
a gritarle al señor de la cruz: "Me caías
bastante mejor cuando no eras
gimnasta",
y en el aire de largo domingo
de este mundo de campos de fresas enfermos de luz,
las paredes soportan las fotos que te hablan de salas oscuras del alma
donde el tiempo perdido es payaso que tira
una tarta que mancha
una bota que pisa
una flor

en Bohemian Grove.

Nadie sabe qué esconde en su boca la estoica y doliente mirada del búho,
y esas tumbas ya tenían moho tapando sus nombres cuando yo llegué
a este sitio: al lugar donde todo lo cierto de pronto se muestra desnudo
y se va transformando deprisa en anzuelo de oro

o en mano que va rellenando
de tierra las bocas de tazas de té.

Mientras fuera rechinan las ruedas de tantas carretas
la asesina bendice la cena cruzando los dedos
y le grita al señor de la cruz: " Te pedí
un corazón de repuesto y dijiste
lo siento",
,y en el cuarto en penumbra hay un brillo
de cuchilla clavada en el ojo de un perro andaluz,
que ilumina los interrogantes en cada contorno de esta vieja playa
donde el oro enterrado es pistola que tira
una bala que calla
una boca que te habla
de amor

en Bohemian Grove.

Es en tiempos como éstos en los que el feriante del carro de seres macabros
acaricia el candado que abraza la jaula sin rejas del niño sin sed
y adivina detrás de su sombra la luz espectral que precede a un milagro
mas no sabe si es fémur de santo que tira los dados
o resorte de muñeca triste que juega
al despiste como cada vez.

La mujer del retrato mantiene los ojos cerrados
pero tiene una forma elegante, que nadie conoce,
de decirle al señor de la cruz: "Te busqué
en la llanura de hielo y te
habías marchado"
y hay un quiebro en el canto del mirlo
al momento en el que la cantante se arranca las sucias plumas de avestruz
y se tumba a dormir en el quicio dentado del mar que salpica este cuarto
donde el atardecer es veneno que expele
una hidra que ahoga a
un macaco que toca
un tambor

en Bohemian Grove.

Dos caminos: el que te ha llevado del barro humeante hasta el lecho del río
y el que vuelve cargado de curvas del centro rugiente de la tempestad.
Dos palabras: aquella que cura al salir y se marcha directa al olvido
y la estrella de dientes sin filo que busca
el abrigo de su otra mitad.

Te quedaste dormido en el porche de la vicaría
y olvidaste recién despertado que ibas a decirle
al señor de la cruz: "Te pareces
a un perro sin nombre que tuve
hace tanto"
y ahora el bamboleante desfile
de  siluetas curvadas te arrastra cogido del brazo a donde el tragaluz
acaricia la sombra alargada que arrastra el hirsuto cadáver de un piano

cuya música es día que pasa
y olvido que muere
y tedio que ahoga
y tormento que rompe el
reflejo de un mundo
mejor

en Bohemian Grove.














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