jueves, 11 de febrero de 2016

MICROCUENTOS 40: BLACKY



40-BLACKY


Cuando me encontré a Blacky estaba abandonado en la calle y era muy pequeño. Y todavía no se llamaba Blacky, claro, porque ese nombre se lo puse yo y ya desde entonces fue Blacky. Yo volvía andando de la escuela, sola como siempre, y de repente escuché un ruido en aquel callejón sucio y vi cómo se movían unos periódicos y fui y los aparté, y entonces lo vi allí, tan pequeñito y tan negro, y tan solo como estaba yo. Así que le puse el nombre de Blacky, y decidí llevármelo conmigo a casa. Y eso fue lo que hice. Pero en cuanto mamá lo vio empezó a gritar “¡Pero de dónde has sacado ese bicho!¡Devuelve esa cosa ahora mismo a donde la hayas encontrado! ¡En esta casa no entra!, y no me quiso ni escuchar cuando le decía que yo lo iba a cuidar y que no iba a molestar nada. Así que como ella no me escuchó a mi, pues yo no la escuché a ella, y así que hice como que me lo llevaba pero cuando ella salió a trabajar por la tarde pues lo volví a meter y lo escondí debajo de mi cama.

Lo tuve allí muchos días, y ella ni se enteró, y eso que nuestro apartamento era súper-pequeño, pero como Blacky era tan canijo pues no hacía ruido, y comía muy poco por aquel entonces. Sólo tenía que echarle los restos de comida que quedaban en los platos o cosas de la basura. La verdad es que comía de todo. Y por las noches me gustaba meter la mano debajo de la cama para que Blacky la chupase, así como si fuese una ventosa.

Pero luego se fue haciendo grande, y ahí empezaron los problemas. Yo no me daba cuenta al principio, claro. Lo veía siempre igual. Pero él iba necesitando comer más y más cosas, y si yo no se las echaba (porque cada vez me costaba más cogerlo sin ser descubierta) pues se tragaba lo que había por mi habitación. Un día llegué y vi que había desaparecido mi papelera con todo lo que había dentro, y otro día faltaba la silla, y al otro la mesa entera ya no estaba, y eso no podía ser otra cosa que Blacky que se lo había comido. Y Blacky ya casi ni cabía debajo de la cama, así que yo estaba metida en un problema.

La suerte hasta ese momento había sido que mamá casi nunca estaba en casa, y que pasaba de entrar en mi cuarto, pero resulta que de repente una vez mientras estábamos cenando se empezó a escuchar un ruido de madera rompiéndose en mi habitación, y ya no lo pude ocultar más, porque mamá fue para allá y abrió la puerta aunque yo le decía no, no , mamá, y se encontró a Blacky comiéndose toda mi cama. Y ella de repente empezó a gritar al verlo, y gritaba mucho y no sabía que hacer, así que la empujé hacia Blacky, y Blacky se la tragó. Eso no estuvo bien, ya lo sé. Pero ahora ya no se podía hacer nada.

Así que nos quedamos allí en casa Blacky y yo solos, y él se quedó con mi habitación y yo me quedé con la de mamá. Yo dejé de ir a la escuela, claro, porque ya nadie me obligaba, y para comer cogía del dinero que había en la lata de encima de la cocina, que no sé cuando duraría. Y cuando alguien venía y preguntaba por mamá, pues yo le decía que no estaba, que había salido, y si se ponía muy pesado, pues le hacía entrar en la habitación de Blacky, y así Blacky se alimentaba también. Pero poco a poco fue llegando más gente, tanta que Blacky crecía y crecía, y yo ya no quería ni verlo. Vino gente de la asistencia social, y los vecinos que se quejaban por el ruido que hacía Blacky, y al final hasta la policía, primero sólo dos, pero cuando Blacky se los tragó al día siguiente vinieron muchos más, y tenían armas como en las películas y todo. 

Y yo cuando ya los vi entrar eché a correr y me salí del edificio, no sólo porque me daban miedo, sino porque el edificio había empezado a temblar por culpa de Blacky y de repente todo se vino abajo y ya no hubo manera de esconder a Blacky, sino que todo el mundo lo pudo ver ya. Pero daba igual, porque Blacky ya era demasiado grande, y crecía y crecía cada vez más, comiéndoselo todo, y de repente Blacky se tragó el pueblo entero, y el país entero y el mundo entero y el universo entero, y mientras yo me iba con todos ellos hacia la oscuridad me di cuenta por fin de que a lo mejor mamá tenía razón y de que nunca, nunca, pase lo que pase, debemos llevarnos a casa un agujero negro y cuidarlo para que crezca, por muy pequeño y abandonado que nos haya parecido cuando lo encontramos.


Recordadlo por si os pasa a vosotros, ¿vale?.









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