miércoles, 20 de enero de 2016

MICROCUENTOS 38: "CUISINE"





38-CUISINE


Llegan al restaurante en sus brillantes coches de lujo, manejados por chóferes que son silenciosos como esfinges de mármol. Los mismos chóferes que les abren las puertas para que ellos salgan al aire fresco de la noche envueltos en el aroma protector que sólo dan el poder y el dinero. Ellas con vistosos trajes de noche, tacones altos y tocados que parecen selvas vistas en sueños. Ellos sobrios en sus trajes oscuros, firmes en sus andares, felinos y amenazantes en sus sonrisas. Saben que son los elegidos, la élite. Nadie más que ellos puede permitirse lo que va a suceder hoy aquí.

El restaurante que ahora mismo abre sus cálidas puertas ante ellos pertenece al chef número uno del mundo. Mucho más que un genio de los fogones: Un visionario, un artista, un orfebre de sabores que lleva décadas experimentando por caminos cada vez más y más complejos y exquisitos. Y para esta velada ha prometido su mejor obra. Ha prometido el culmen de su carrera: una cena insuperable, capaz de colmar hasta el límite el paladar del comensal. Una cena que vuele el cerebro de quien la disfrute y le lleve directamente al mismísimo orgasmo sensorial. 

Todos los asistentes han pagado por su cubierto, a pies juntillas, cantidades que superan el presupuesto anual de una familia numerosa. Llevan meses esperando a que este momento llegue, imaginando cómo será esta cena digna de dioses. Y ahora están por fin aquí.

En las bodegas del restaurante, la larga mesa espera por ellos. Van tomando asiento, charlan, hacen bromas. Aventuran lo que puede suceder. Cuando todos han tomado su sitio, y no queda ninguno fuera, las gruesas puertas de hierro de la sala se cierran automáticamente. Nadie puede entrar, nadie puede salir. Todo lo que va a suceder será secreto. Frente a ellos se despliega una gran pantalla, y en ella aparece la sonriente cara del chef, que les habla por vídeo-conferencia.

-Saludos y bienvenidos- les dice- Me permito adelantarles el menú: Abriremos con una sopa de pollo directamente sacada de su sobre, seguiremos con una tortilla de jamón de york y queso en lonchas, y como postre tendremos un exquisito yogur natural azucarado.

Hay un creciente rumor de desagrado entre los comensales. ¿Es posible lo que están escuchando? Se miran unos a otros con incredulidad. ¿Está de broma el chef? Poco a poco van surgiendo las voces de protesta.

-¡Pero, maestro! ¡Pero, chef!-dicen- Eso es una cena vulgar. Vulgar del todo. Y usted nos prometió la mejor cena de nuestras vidas, una cena que no olvidaríamos jamás. ¿Dónde está pues el secreto?

Al oírlo, el chef suelta una enorme carcajada.

-El secreto, queridos comensales, – contesta tras serenarse- está en que esa cena no se servirá esta noche, sino dentro de una semana. Y durante todo este tiempo, hasta que se la sirvamos, ustedes van a estar encerrados aquí, en esta sala, sin más alimento que el panecillo que tienen en su plato y el agua de ese grifo de la pared. Y con eso, amigos míos, les puedo asegurar que cuando les traigamos el sopicaldo, la tortilla y el yogur, sin duda les van a resultar el alimento más celestial que hayan probado jamás. Apláudanme.

Y efectivamente, la ovación no tarda en sonar. Les ha costado, han tenido una brevísima crisis de fe, pero ahora todos ellos entienden de repente la sabiduría del chef. Pues sí que era cierto lo que les había prometido. Sí que está bien gastado su dinero. Tendrán la mejor cena de su vida después de todo. La ovación comienza despacio, como un rumor lejano, pero pronto la ocupa toda la húmeda bodega, desde el empedrado del suelo hasta las bóvedas. Todos aplauden. Aplauden con fuerza, con rabia. Aplauden hasta que les duelen las manos. Bravo. Bravo.


Bravo.









...


4 comentarios:

  1. Muy bueno. No muy micro, eso sí, pero muy bueno, sí señor.

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    1. Si, cada vez me cuesta más hacerlos cortos. Algo tengo que hacer. para los próximos creo que intentaré limitar el tamaño, que se me van todos...

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