miércoles, 13 de enero de 2016

MICROCUENTOS 37: "PROPÓSITOS"








37-PROPÓSITOS


Tomó la decisión mientras todavía estaban sonando los cuartos: “Estoy harto de que cada año haya que hacerse buenos propósitos para no cumplirlos luego. Yo este año voy a hacer lo contrario. Voy a hacer los peores propósitos del mundo, y los voy a cumplir todos. Todos de verdad. Vaya si los voy a cumplir” Ya habían caído la primera y segunda campanadas como dos truenos gemelos. “Voy a fumar más”, pensó. “Bueno, quiero decir que voy a empezar a fumar. No sé muy bien cómo se hace, pero no debe de ser muy difícil. Seguro que en menos de una semana puedo estar metiéndome tres o cuatro paquetes al día entre pecho y espalda” La tercera y cuarta habían corrido detrás, y se habían esfumado igual de rápido. “Voy a hacer menos deporte”, concluyó él. “Tampoco es que haga mucho, claro, pero voy a hacer menos todavía. Es más, no pienso mover ni un músculo más. No me pienso levantar de esta silla hasta el año que viene” La quinta campanada se fue ya, y la sexta dibujaba en la atmósfera festiva su ecuador inmisericorde “Voy a ser peor persona. Voy a ser la peor persona del mundo. Voy a hacer sufrir a todos los que pille delante. Verás. En cuanto acaben las uvas aparto esta mesa de una patada y les cruzo la cara a todos los que están aquí. Y luego salgo a la calle y sigo. Pim pam pim pam, hasta empezar por un lado de la ciudad y acabar por el otro”. Séptima y octava campanadas saliendo de la televisión más rápido aún que las anteriores, como si las empujase ya el año nuevo para que lo dejasen existir. “Voy a beber alcohol. Voy a comer azúcar. Voy a engullir carne roja. Voy a beber alcohol y comer carne roja azucarada mientras fumo un cigarro tras otro. Y todo eso mientras le parto la cara a todo el mundo de la ciudad. Y sin hacer nada de deporte. Menudo soy yo“   La novena y la décima casi ni las escuchó, ya abofeteaba con su cabeza hasta la mejilla misma de la mismísima luna. “Y voy a ser infeliz. Qué tontería es esa de la felicidad. Voy a ser infeliz porque sí. Infeliz porque quiero. Me voy a cagar en todo lo que existe a cada segundo de mi vida y voy a ser infeliz infeliz infeliz. Y lo mejor de todo…”

Pero no pudo terminar. Se le adelantó la undécima, y la campanada final después de ella, y entonces todos en la habitación se levantaron de las sillas, y aplaudieron, y brindaron, y se dieron besos desbordados de saliva y zumo de uva mientras el reloj los miraba como el ojo ciego de un cíclope desde la pantalla. Y  le dieron a él besos desbordados de zumo de uva y de saliva. Puagh.

Y luego su padre vino desde muy alto y lo señaló con un dedo gordo y amarillento. “Chaval, hora de irse a la cama”, dijo.

Y él quiso contestar algo así como “Escucha viejo, tengo ya cinco años y tú no puedes mandarme. Así que cierra la boca, pásame ese paquete de Marlboro y reza para que no seas tú el primero al que ahostio”. Pero lo que salió de su boca fue más bien un 

“jo”. 

Un “jo” que casi ni salió, porque antes de decirlo ya estaba él de camino para la habitación. No estaba la cosa todavía para rechistarle a alguien tan mayor.

Pero por el pasillo, mientras dejaba atrás las risas, y los brindis, y las caras de estupidez, lo tenía muy claro. Éste era el último año en el que fallaba a sus propósitos. Para el año siguiente se iban a enterar.



Vaya si se iban a enterar.







...

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada