miércoles, 4 de noviembre de 2015

MICROCUENTOS 33- "ESCAPE"




33-"ESCAPE"


De repente y sin previo aviso, un día decides que se acabó el aguantar más. Que ya está bien. Y ahí mismo, en medio de tu oficina y a mitad de la jornada laboral, lanzas al aire todos los papeles que cubren tu mesa y te levantas de la silla, alzándote sobre la multitud de seres grises con un grito rebelde de guerrero apache. Todos tus compañeros te aplauden con admiración (y, por qué no decirlo, un poquito de envidia) mientras corres por el pasillo quitándote la corbata, la misma que dejas en el casillero del jefe con una nota que dice "de nada" al lado del dibujo de un smiley. Ya estás en el parking, ahí te espera tu brillante 4x4 como el blanco corcel de un héroe del siglo XXI. Y rápidamente, gracias a la elipsis más conveniente de la historia, te encuentras ya rodando por los caminos salvajes de la montaña, cuando la ciudad es ya sólo un pequeño hongo de sombra a tus espaldas. Una curva más y los picos se abren para mostrarte el lago, azul pacífico entre el verde rabioso de la naturaleza virgen, y la cascada que cae en él como una manifestación líquida de poder y fuerza primordial. Otra elipsis y estás ya desnudo al lado de la cascada. Y saltas sin miedo, de cabeza, directo al azul como quien salta hacia su medio natural. Un estallido de espuma eufórica blanca brillante cuando entras en el líquido elemento, y luego el frescor natural del fondo, la tranquilidad verdosa braza, braza, braza hasta que tus pulmones no dan más de sí. Y al surgir de las aguas igual que un semidiós fluvial, con todos tus músculos tensos y jaspeados de pequeñas perlas transparentes, comprendes en lo más hondo de tu ser que esto es lo que tanto habías buscado. Por fin, por primera vez en tu vida, te sientes limpio, te sientes en paz. Te sientes pleno.

Durante una milésima de segundo.

Porque al instante, el sol se oscurece de repente una vez más. Y tú, como en una tragedia repetida, vuelves a alzar la vista de nuevo para intentar ver qué lo está tapando. Y vuelves a ver cómo en el cielo azul aparecen de la nada las letras. Las letras gigantes. Esas que, desde donde tú las ves, dicen: "AUQARUTAN". Y más abajo "DATREBIL ED LAITNANAM".

Y sólo entonces, en el cortísimo espacio de tiempo que va desde el momento en el que terminas de leer al momento en el que todo se hace oscuro, vuelves a entender una vez más, y a ser consciente de quién eres y de qué haces ahí. Vuelves a recordar que sólo eres el protagonista de un anuncio de agua mineral , condenado a existir tan sólo en el minuto y medio que duran esta aventura, y sin más opción que seguir repitiendo una y otra vez tu revelación, tu huida y tu salto, mientras haya alguien que pague el espacio, mientras haya gente que mire, mientras haya botellas de plástico que vender. Por suerte, tu lucidez dura muy poco.



Porque luego todo es oscuro. Y tú no existes.





Y de repente, y sin previo aviso, un día decides que se acabó el aguantar más. Que ya está bien.

Y ahí mismo, en medio de tu oficina y a mitad de la jornada laboral, lanzas al aire todos los papeles que cubren tu mesa y te levantas de la silla, alzándote sobre la multitud de seres grises con un grito rebelde de guerrero apache.







...





No hay comentarios:

Publicar un comentario