domingo, 26 de julio de 2015

POEMAS: PENÉLOPE APROXIMADA, de "MUERE SONRIENDO"




PENÉLOPE APROXIMADA.






Mientras recorro los largos pasillos
que cuadriculan ésta, mi odisea,
te he visto varias veces en la cola
de alguna de las cajas.              
                               
                               Casi siempre
estás casada,
                   tienes

una familia entera que te ama,

y se te ve feliz llenando bolsas
con latas de maíz, chocolatinas
y frascos de algodones de colores.

He de puntualizar que, sin embargo,
vas cometiendo de una vez a otra
fallos imperdonables en el raccord:

Maridos diferentes;

varianzas en el número, la edad
                 y el sexo de tus hijos,

cambios en el peinado...

Si examino los datos por encima
la lógica me dice
que algunas de esas veces me equivoco
y no eres tú.

                  Tal vez no eres nunca.

Y en mis ratos sin luna ni tormentas
me abrazo a ese tal vez como si fuera
un vale de descuento,
como si fuera el pequeñito lujo
de en un nada por ciento permitirme
tal vez
una esperanza.

Tras un tiempo sin dar señas de vida

volviste hace dos meses,
                                     diferente.

Por primera vez sola.

Bajo un abrigo lleno de remiendos
tirabas de un carrito rebosante
de tetra-bricks de vino,
marcada, mas aún desafiante,
cargando en tu joroba una derrota
más antigua que el mundo.

                    Esa vez tuve miedo.

Me tuve que esconder
                                bajo el abrazo
de escarcha que me dieron las neveras

(Los congelados siempre me sonríen.)

queriendo,
               inútilmente,
                                disolverme
en el amplio abanico de sabores
para evitar el preguntarme:
                       ¿Acaso
yo soy también así?.

                              Ya no recuerdo
la última vez que contemplé mi rostro.

Aquí no hay primaveras ni estaciones.

No hay espejos aquí que nos demuestren
el trasiego del cambio.

Y en el poco reflejo que devuelven
las filas de botellas de refrescos,

aún me veo tan joven.

¿Será posible, como tanto temo
que baile en la bebida,
                              y no en mis ojos
la chispa de la vida?.

Ya no te he vuelto a ver desde ese día.

Supongo que en mundo de allá afuera
continúan las guerras.

Aquí, yo,
              por mi parte
paso las horas muertas como siempre.

Ya sabes,
                      explorando.

Y sé muy bien que no puedo quejarme.
Si levanto la vista tengo un techo.
Tengo hilo musical, y tengo un horno
en el que cuecen pan cada mañana,
tengo amigos que vienen y se marchan,
(Los congelados siempre me sonríen.)

y en las escasas veces de flaqueza
en las que me permito recordarte,
tan sólo te deseo que en el limbo
de otra gran superficie
vagues como yo vago,
                               indiferente,
por pasillos repletos de milagros.

Que te lluevan ofertas
y que te traiga cada nuevo día
multitudes de extraños
tras los que te dé un mínimo cuartel
la imposibilidad de mi regreso,
y en quienes me creas ver también a mí,
como yo creí verte,
con la esperanza de que alguno de ellos

tal vez,
          sólo tal vez,
                           un día



lo sea.















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