miércoles, 15 de julio de 2015

MICROCUENTOS 25: "ELLA"



25-ELLA.


Hoy Raúl va en el tren al trabajo como cada mañana. Y como cada mañana va pensando en la sonrisa de ella. Porque ha soñado con ella una noche más. Ella sonriéndole en sueños, igual que todas las noches. Raúl tiene ahora mismo 45 años, y es incapaz de recordar un momento de su vida en el que ella no se le haya aparecido mientras duerme. Quizás muy al principio, cuando era demasiado niño, pudo tener algunas noches en las que ella no estaba. Pero luego aparecieron ella y su sonrisa, y desde ese momento han estado con él cada vez que abandona el mundo físico. Ella ha crecido con él, y ha cambiado, y se ha hecho mayor a medida que Raúl también envejecía, pero siempre ha estado ahí. Ahí, mirándolo en sus sueños mientras sonríe sin decir nada, y Raúl preguntándose quién será, y qué esperará de él. Preguntándose si existirá físicamente, y si podrá encontrarla alguna vez en el mundo real. Pero hasta ahora sólo la ha visto en sueños. Noche tras noche.

Raúl nunca le ha hablado de ella a nadie. Ni a sus amigos, ni a su mujer. A nadie. Pensarían que está loco. Lleva una vida perfectamente normal, y hace todas las cosas que una persona normal hace. Pero las lleva a cabo con la sonrisa de ella metida de continuo en la cabeza, y con el recuerdo de ella girando en sus pensamientos y con el misterio de ella flotando a su alrededor como neblina. Ha conseguido disimularlo más que bien, pero de alguna manera ella siempre está ahí, a su lado, al igual que lo está en sus sueños.

El tren llega a la estación. Como suele ser habitual ha llegado con retraso, y por eso Raúl se levanta del asiento con prisa y acelera su paso en cuanto pone un pie en el andén. Sube las escaleras mecánicas, intenta alcanzar la salida esquivando cuerpos grises de gente que pasa mirando al suelo. De repente tropieza con la maleta de alguien, y pierde el equilibrio. Cae de rodillas en el suelo soltando una maldición.

En cuanto levanta la cabeza se la encuentra delante. A ella.

Raúl la reconoce al instante. Como para no hacerlo. Está exactamente igual de como la ha visto en el sueño de la noche pasada, y en el de todas las noches. Sólo que ahora es real. Ella es ahora una persona real, que se ha parado a mirar la caída al suelo de Raúl. Sus miradas se cruzan un sólo segundo, y a Raúl lo recorre un rayo de electricidad de la cabeza a los pies. Pero de repente ella rompe la unión y le da la espalda para continuar su camino. Raúl se levanta y corre tras de ella. "¡Eh!". "¡Eh!", grita, pero ella no parece escuchar. La alcanza antes de que llegue a la puerta y la coge por el brazo. Ella se gira. Raúl ve en su mirada extrañeza, y también un poco de miedo. Pero también algo que no es capaz a distinguir, ¿un cierto reconocimiento? ¿Es posible que ella también le conozca? ¿Que también sueñe con él?

-Hola....eh, esto... perdona -dice Raúl con la respiración entrecortada.-  Mira... esto seguro que te va a extrañar, pero... pero resulta que llevo buscándote toda la vida.

De repente todo el ruido de la estación desaparece, y en el mundo sólo están ella y Raúl. Él ve cómo sus pupilas se ensanchan, cómo ella se ruboriza de manera casi imperceptible.

-¿Buscándome?- contesta ella- ¿Para qué?

En ese momento Raúl comprende que está a punto de decir la frase más importante de toda su vida. El mundo se ha parado a su alrededor. Ella lo mira con ojos muy grandes, en el borde de su boca, comienza ya a dibujarse una sonrisa que él conoce muy bien.

-Para decirte que me dejes dormir en paz de una puta vez. -sentencia.-¿Te queda claro?. Pues eso.

Y se gira hacia la puerta de salida y la deja allí, en medio de la estación. Fuera la ciudad está ya despierta del todo, llena de ruido y de malos humos y de suciedad. Pero el sol brilla y Raúl camina ligero, como si se hubiese quitado un grandísimo peso de encima. En el trayecto que lo separa de su trabajo va soñando con cómo será soñar por fin con cosas estúpidas y sin ningún fundamento real. Algo le dice que muy pronto lo sabrá.





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