miércoles, 27 de mayo de 2015

MICROCUENTOS 18: "COHETES"




18-COHETES

El padre y el hijo están de pie sobre el suelo de cemento, y todo cuanto la vista alcanza a mostrar es esa misma explanada de cemento, y más cemento más allá y un poco de cristal con hierro al fondo, en donde la espesa capa negra de polución deja adivinar las siluetas de las fábricas. El suelo tiembla con el rugido profundo de un dragón de maquinaria. Del espacio-puerto situado fuera del campo visual ha despegado un cohete, y el padre y el hijo observan su estela extendiéndose a lo largo del cielo rojizo grisáceo. Luego vuelven a bajar la vista hacia la tierra. Hacia el lugar en el que están.

-Una vez, hace mucho tiempo- señala el padre- Aquí hubo un bosque. Y allí, donde las fábricas, había montañas. Y al lado de ellas un lago azul y profundo. Y todo este suelo era hierba en vez de cemento.

-¿Y qué pasó con todo eso?-pregunta el hijo.

-Hubo que cortar los árboles, para hacer fuego y poder tener energía que alimentase las fábricas. Y hubo que drenar el lago, para que hubiese más espacio para más fábricas, y cubrir la hierba con cemento, para que los camiones pudiesen llevar materiales de una fábrica a otra, y echar las montañas abajo para conseguir el metal con el que fabricar.

-¿Con el que fabricar qué?

-Cohetes-contesta el padre-Cohetes como esos que estás viendo despegar. Cohetes que nos saquen de este planeta y nos lleven al espacio, y nos permitan encontrar planetas nuevos en los que poder habitar. Planetas donde haya bosques, y lagos, y montañas, y también hierba verde...

El volumen de su voz va bajando mientras habla, hasta que se queda en silencio. El aire huele a azufre y a ozono. El niño no hace ninguna pregunta más. Es muy joven y sabe poco todavía sobre este mundo que va a heredar, pero ya ha tenido tiempo de aprender bien las posibilidades de supervivencia que se esconden detrás del respeto a la estupidez. El suelo vuelve a temblar. Otro cohete despega. El niño sigue la estela ascendente con su vista hasta el lugar en el que ésta desaparece del todo.

El padre tiene la mirada gacha. Tan sólo mira hacia el cemento, como si no pensase en nada. Pero lo piensa. 





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