miércoles, 8 de abril de 2015

MICROCUENTOS 11: "APAGÓN"




11-APAGÓN

Mientras el vertiginoso tren bala subterráneo se deslizaba en silencio bajo el sector 3G de la ciudad, nos alcanzó una especie de pulso electromagnético que apagó las luces de los compartimentos e hizo que todas las pantallas dejasen de funcionar, incluidas las de las terminales de red unipersonales en las que todos los viajeros menos yo tenían puesta su atención. En la penumbra que creaba el neón de emergencia del cubículo, el chaval que se sentaba a mi lado alzó la cabeza de su expendedor de información inactivo y, todavía con una neblina de ceros y unos velándole la vista, me observó de arriba a abajo extrañado.

-¿Ks exo k tiens en l mano?- preguntó.

Me di cuenta al instante de lo inútil que iba a ser proporcionarle un simple nombre como explicación, así que me esforcé por encontrar analogías que fuesen comprensibles por su lejano cerebro futurista.

-Esto- contesté- es una cosa antigua, de gente antigua. Algo que la gente vieja como yo tenía y usaba, y vosotros no.

-¿Y pra k sirbe?

-Buf...para muchas cosas. Principalmente para entretenerse. Para pasar el rato, vamos. Pero también para más: Para conocerse más a uno mismo, para comunicarse con los demás, para aprender...También dicen que durante mucho tiempo la evolución de la raza humana dependió de cosas como ésta, pero yo ya no conocí esa época...Ya te digo: para entretenerse, básicamente. Un poco como el aparato que tú tienes ahí.

El chaval parpadeó tres o cuatro veces, no  acabando de creerse del todo mis palabras.

-¡XD! Pro si no tiN pntalla. ¿Kmo bas a entrtenrte kn algo k no tiN pntalla?

-Bueno, antes había muchas cosas para entretenerse que no tenían pantalla, y esta era una de ellas. Tampoco es tan difícil, si quieres te puedo ensañar a usarlo. Mira, hay que cogerlo por aquí...

Pero de repente volvió la luz al compartimento, y todas las pantallas personales zumbaron de nuevo al ritmo de los millones de mensajes acumulados durante el breve apagón. Sin una sola palabra más, el chico volvió la atención a su terminal, olvidando al instante tanto nuestra conversación como el mundo que lo rodeaba. Yo volvía a estar solo, pues. Podía regresar a mi tarea si así lo quería. No obstante, el tren continuaba veloz y la siguiente parada era la mía. Así que, dejándolo allí atrapado en sus laberintos de luz, yo simplemente sonreí con tristeza, me encogí de hombros


y me guardé la polla.








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