miércoles, 11 de febrero de 2015

MICROCUENTOS 3: "ZEITELEFON (TIEMPÓFONO)"




ZEITELEFON (TIEMPÓFONO).


En el caluroso mes de junio del año 1949, el ingeniero alemán Wolfgang Schubert sacudió los cimientos de la física espacio-temporal cuando logró fabricar el primer teléfono de la historia capaz de hacer llamadas al pasado. A dos minutos en el pasado, para ser más concretos. El entonces sexagenario Schubert había trabajado, con la habitual precisión teutona, durante toda su vida en aquel proyecto. Los cálculos eran inequívocamente exactos y las fórmulas no podían ser de otro modo que correctas. El prototipo había sido construido siguiendo tales indicaciones de manera milimétrica, y por tanto no existía la mas mínima posibilidad de que fallase. Ahora, después de décadas de trabajo y sacrificio, el buen Herr Schubert lo tenía allí, delante de él, esperando a ser descolgado para cambiar el curso de la historia.

Ya había lanzado su brazo hacia el invento cuando el ingeniero se dio cuenta de que faltaba un último y decisivo detalle. Y ese detalle era que para poder hacer la primera llamada, lógicamente, debía esperar primero a recibir esa misma llamada desde dos minutos en el futuro. Pero claro, concluyó un instante después mientras recorría su cuerpo un sudor más frío que la nieve de los Alpes Bávaros, si él no hacía esa primera llamada jamás sería posible que otro él del pasado la recibiese, dos minutos atrás. De hecho, concluyó, era del todo imposible hacer esa llamada por la simple razón de que esa llamada no había sido hecha.

No le hicieron falta ni dos segundos más al ingeniero alemán Wolfg Schubert para comprender que todo el trabajo de su vida acababa de ser barrido por el leve soplo de una paradoja fatal. Vencido pero digno, apartó su mano del aparato y abrió el cajón inferior de la mesa, del que sacó la pistola Luger que tenía guardada allí desde tiempos más oscuros. Con la precisión teutona que lo había caracterizado siempre, Wolfgang Schubert llevo el cañón a su sien y apretó el gatillo.



No había terminado todavía de desaparecer el humo del disparo sobre su cadáver cuando el teléfono comenzó a sonar. 








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